Pedro García Cuartango: Allí y aquí


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Alexis de Tocqueville escribió en “Democracia en América” ​​hace casi dos siglos: “Me hubiera gustado la libertad en cualquier momento, pero en estos tiempos me inclino a adorarla”. Tocqueville era muy consciente de la fragilidad de la democracia y la separación de poderes que se había apoderado del otro lado del Atlántico a medida que proliferaban las monarquías absolutas en Europa.

No sé si le hubiera sorprendido que Trump instigara el ataque contra el Congreso, que sabíamos que era un político mentiroso, manipulador y sin escrúpulos, pero no que fuera un cobarde, como ha demostrado su rectificación farisaica.

Sin embargo, sería un error permanecer indigno en su conducta sin analizar sus causas y contexto.

lo que produjo este atentado al órgano de soberanía nacional. Desafortunadamente, las escenas que hemos visto no son solo el último capítulo de un autócrata que se niega a dejar el poder. También son la culminación de un proceso de deslegitimación de las instituciones y desprecio por las reglas de la democracia.

Desde la crisis de 2008, asistimos a una explosión de populismo y nacionalismo, que coinciden en el desprecio de la ley, el Parlamento y los tribunales, que socavan demagógicamente al ofrecer soluciones fáciles a problemas complejos. Estos movimientos coinciden en asumir una representación del pueblo y de la nación que nadie les ha dado. Para ellos, el fin justifica los medios.

El resultado es que las democracias liberales han entrado en una profunda crisis. Se cuestiona la representatividad de gobiernos e instituciones, mientras surge una especie de pensamiento mágico que desprecia la verdad y la racionalidad.

No hay que ser muy perspicaz para ver que se trata de un mal generalizado del que no nos estamos deshaciendo en España, como se descubrió no hace mucho cuando el independentismo catalán decidió violar la ley e intentar un golpe de Estado mediante la coerción. Recomiendo a los lectores el discurso de Jordi Sánchez ante el Ministerio de Economía en septiembre de 2017 en el que, imitando a Lenin, hace una clara referencia a las barricadas.

Muchos de los que están escandalizados por las imágenes del Capitolio han hecho todo lo posible aquí para deslegitimar la representatividad del Congreso, las leyes y los fallos de los tribunales. Es cierto que no recurrieron a la violencia física, sino que rodearon el Parlamento o se negaron a reconocer los resultados electorales, como hizo Podemos en Andalucía.

Debido a tantas instituciones que socavan y ridiculizan, una parte considerable de la ciudadanía deja de creer en la democracia. Ha depositado su confianza en chamanes como Trump que se han aprovechado del miedo de la gente a la globalización y al cambio. Esto es lo que explica lo sucedido.

Pedro García CuartangoPedro García CuartangoEscritor de opiniónPedro García Cuartango

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