La huella del automóvil en los pioneros del cine


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El cine viene del griego «Kinêma», movimiento. Casi al mismo tiempo, se había girado la manivela que ponía en marcha los primeros motores de combustión interna y la del cine. El automóvil y el cine fueron dos inventos que hicieron soñar a la gente en los primeros años del siglo XX, dos fabulosos medios de comunicación entre las personas. Y era inevitable que se encontraran revolucionando la vida sociocultural.

“La llegada del tren a la estación” prevista para diciembre de 1895 abruma a los espectadores. El cine al principio recoge novedades y el coche ya es el protagonista de esta actualidad. Los operadores graban escenas de esas carreras de ciudad en ciudad. A principios de 1896, un operador de Lumiere, Clément Maurice, filmó el inicio de la carrera automovilística París-Meulan. Y en 1901 los propios hermanos Lumiere diseñaron el informe Buen desfile de coches.

Harold Lloyd y Girl Shy
Harold Lloyd y Girl Shy

Nace el cine, llega Hollywood, La Meca. Nacen los estudios y con ellos un nuevo mundo de decoración y glamour. A las actrices, actores y directores les encanta la hermosa mecánica. Chaplin, Keaton, Harlow, Fairbanks, Pickford… llegaron a los estudios de manera espectacular Cadillac, Pierce-Arrow, Buick, Packard….

Pero los autos no solo estaban en los estacionamientos. Cuando se convirtió en un objeto familiar de la sociedad estadounidense, se convirtió en un cómplice natural del hombre en los gags de películas. Y así se convirtió en coprotagonista de las grandes figuras de estos primeros días, especialmente en el cine de historietas.

Buster Keaton descansa durante el rodaje
Buster Keaton descansa durante el rodaje

Keaton y Chaplin

El gran Buster Keaton vive muchas de sus películas en el coche. Así que remolcó su casa con un coche en “Una semana” (1920) y se averió en un paso a nivel en el momento exacto en que un tren apareció en el horizonte …

Y Keaton demolerá más coches en “The Garage” (1919); en el mítico “Cops” (1922) o en “The Three Ages” (1923).

Pero hablar de esta primera era del cine es hablar de Charles Chaplin. Su personaje Charlot aparece por primera vez en 1914 y, precisamente, en una carrera de autos para niños, “Carrera de autos para niños en Venecia”, donde el mítico vagabundo intenta llamar la atención de un fotógrafo. Y es también en el entorno de otra carrera donde se desarrolla “El día ajetreado de Mabel” (1914). Luego estará “Charlot marquis”, o los espectaculares derrapes e intersecciones de autos en “Mabel al volante” (1914) dirigida por Mabel Nomand y Mack Sennet donde Chaplin intenta traer a Mabel, una amiga de un conductor. Y no olvidemos “Un día de placer” (1919).

Charlie Chaplin al volante
Charlie Chaplin al volante

El Ford T

Henry Ford quería poner a Estados Unidos sobre ruedas y en 1908 creó el Modelo T. Para reducir costos, optó por la producción en masa. El T, también llamado “Tin Lizzie”, era un verdadero automóvil urbano. Pero como tantos niños de provincia, él también soñaba con el éxito … y se dirigió a Hollywood para convertirse en la primera estrella sobre ruedas en un cine que no se hizo sentir su motor y en el que su color, ya sabes, podrías elija Siempre que sea negro, se ajusta a la factura.

La T entra en la pantalla con las persecuciones de “Keystone Kops”, la serie de cómics sobre un grupo de policías torpes estrenada en 1913 por Max Sennet. Encaja perfectamente en su papel cómico., a menudo desarrollado en una carretera, encajado como un sándwich entre dos tranvías, deformándose o desmoronándose. Sennet aprovechará al máximo el potencial humorístico del automóvil. Los trucos y escenas de acción superarán todo lo imaginado: cortarse en dos partes, cruzar paredes, saltar en tranvías o incluso volar como en “Lagartos del campo” (1924).

Otra gran persona que comparte el estrellato en sus películas de Ford T es Harold Lloyd. El arquetipo del estadounidense medio, asombrado por un mundo inmenso, suele traducir al volante una tenacidad sencilla y afortunada frente a charlatanes y especuladores que le lleva a persecuciones sin fin. Así que lo vemos en una T en “Girl Shy”, así como en otros autos como el Chevrolet Superior Sedan en “Hot Water” (1924).

Ford T de los
Ford T de los “Keystone Kops”

Stan y Oliver

Pero no se puede hablar de películas de comedia sin conducir un Ford T con Stan Laurel y Oliver Hardy como compañeros de viaje. Continuarán la tradición del coche de dibujos animados en las películas sonoras. La lista de películas en las que el Ford T coprotagoniza con esta pareja es larga: recordemos los espectaculares atascos de “Leave’em Laughing” (1928), o “Two Tras” (1928) donde acaban siendo demolidos más de cien coches y camiones; la destrucción de una T en “Big Business” (1929); el final de un embarrado viaje de vacaciones de “Un día perfecto” (1929); el tranvía chocando contra una T en “How Wild” (1930); la loca carrera en “Country Hospital” (1932) por las calles de Los Ángeles, donde el T no se detiene ni siquiera después de haber sido apretujado entre dos tranvías; o cuando en “Towed in a hole” (1932) chocan con un barco.

Curiosamente, a diferencia de la literatura, el cine de esa época no denunciaba los aspectos negros de la industria automotriz. Sin embargo, y sin ser mencionado nunca, el automóvil aparece en el contexto del conflicto entre el hombre y la máquina en “Tiempos modernos” (1936) con Charles Chaplin o en “Metrópolis” (1926) de Fritz Lang, en una civilización industrial que crea autómatas humanos en un mundo organizado en torno al beneficio y la desigualdad.

Objeto prestigioso y símbolo de estatus social en la década de 1930, el automóvil acompañará al cine de Hollywood en esta década. Ambos habían comenzado su viaje juntos, habían comenzado un romance eterno. Pero nos detenemos en ese primer período al que ponemos un epílogo dramático con una imagen inolvidable extraída de ese gran homenaje a los inicios del cine que es “Sunset Boulevard” (1950). Norma Desmond (Gloria Swanson) va a Paramount Studios, acompañada por un joven William Holden. Tiene una cita con Cecil B. De Mille. El envejecimiento de la estrella recae en su espectacular Isotta Fraschini, que había sido propiedad de Rudolph Valentino, dirigida por un anciano Eric Von Stroheim, en busca de un regreso imposible.

Eric Von Stroheim y Cadillac
Eric Von Stroheim y Cadillac

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