Claves económicas para 2019 en España: ¿Qué esperamos?


La economía española crecerá un 2,2% en 2019, dos décimas menos de lo esperado y anticipando una ralentización ya evidente a finales de 2018. Aun así, crecerá por encima del resto de la zona del euro, que lo hará a un ritmo más lento.

Por el lado de la demanda interna, el consumo privado disminuirá, del 2,2% en 2018 al 1,6% en 2019, mientras que el consumo público se ralentizará al 1,5% en 2019, desde el 1,9% en 2018. De esta forma, la demanda nacional pasará de 2,7% en 2018 a 2,1% en 2019.

El factor principal es un entorno externo menos favorable. Algunos de los principales mercados de exportación, especialmente Italia y Reino Unido, apenas crecen. Por otro lado, los mercados emergentes están experimentando graves turbulencias, especialmente en Argentina y Turquía, golpeados por crisis financieras. Además, la tasa de ahorro parece haber alcanzado su nivel más bajo, dejando poco espacio para que los hogares aumenten el gasto de los consumidores por encima de los ingresos. Las previsiones tienen en cuenta el reciente acuerdo salarial y los ajustes de las pensiones, pero estos cambios no son suficientes para revertir la moderación del consumo.

Se espera que continúe el boom de la inversión residencial y de bienes de equipo, fruto de la buena situación financiera de las empresas, los bajos tipos de interés y el mantenimiento de unas perspectivas de demanda relativamente favorables. También se espera una contribución positiva del sector exterior, ante la recuperación de los mercados internacionales. En resumen, la economía española seguirá creciendo por encima de la media europea. Se mantienen las fuerzas internas que han guiado la recuperación: reducción de la deuda del sector privado, superávit externo, restauración de la competitividad desde el punto de vista de los costos de producción y un sector financiero saludable.

La expansión también estará respaldada por la política monetaria acomodaticia del BCE, que, a pesar de la retirada del programa de flexibilización cuantitativa, permitirá el mantenimiento de tipos de interés bajos al menos hasta el segundo semestre de 2019. Por otro lado, en ausencia de importantes información sobre los presupuestos generales del estado para 2019, no se espera que la política fiscal altere significativamente la senda de crecimiento.

Asumiendo un precio de la moneda sin grandes cambios, el saldo de la cuenta corriente mostrará un sólido superávit, quedando como una de las claves de la expansión. Tampoco se esperan cambios significativos en la trayectoria de la inflación para los próximos trimestres. El deflactor del consumo aumentará a una tasa anual del 1,5% en 2019. La inversión de capital, por su parte, bajará un punto porcentual, pasando del 5,1% este año al 4,1% en 2019 .

En cuanto al contexto externo, el peor desempeño de los mercados de exportación se traducirá en un menor dinamismo de las exportaciones, que crecerán un 3,9% por la menor demanda externa y los efectos negativos de la introducción de nuevas medidas proteccionistas.

El desempleo seguirá disminuyendo, pero sigue siendo un gran tema pendiente, cerrando 2019 con el 13,8% de la población activa.

Por otro lado, el déficit del gobierno será del 2,5% del PIB en 2019. Hasta el momento, se ha avanzado poco en el proceso necesario de corrección de la elevada deuda pública y este sigue siendo un elemento importante de vulnerabilidad.

Asimismo, será necesario retomar la senda de reformas estructurales que incrementen el potencial de crecimiento de la actividad y el empleo en la economía española.

Los riesgos de este escenario provienen fundamentalmente del exterior. Factores como la situación de los mercados emergentes, el aumento del proteccionismo, el alto nivel de endeudamiento de la economía global, las posibles burbujas que puedan existir en algunos mercados financieros o el auge de populismos antieuropeos, podrían desencadenar una crisis de confianza y correcciones del mercado y transición a la economía real. En tales circunstancias, el alto nivel de nuestro déficit estructural y deuda pública no dejaría espacio para el desarrollo de una política fiscal contracíclica.





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