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Empecemos por las certezas. Las TIC (tecnologías de la información y la comunicación) han sido protagonistas de la discontinuidad tecnológica más importante de las últimas décadas, hasta el punto de haber acreditado bien su contribución a lo que se ha definido un tanto solemnemente como la Cuarta Revolución Industrial. El carácter de las “tecnologías polivalentes” sigue manifestándose en la amplia versatilidad de su trabajo y en su extensión a todos los ámbitos económicos y sociales. En una obra con motivo del 30 aniversario de la revista Telos (Treinta años después. Ensayos y preguntas. Revista Telos nº 100: La era digital: equilibrio y tendencias. Fundación Telefónica. Abril de 2015) Traté de reflejar las áreas de actividad económica en las que habían revelado su potencial de transformación, así como algunas de las incógnitas que surgieron como consecuencia de esta nueva fase asociada a la economía de datos, extensión de usos e Inteligencia Artificial (IA), entre otros.

Un rasgo determinante de la importancia de las TIC en sus inicios y el principal elemento que llamó la atención de economistas y políticos – obviamente el mío * – fue la contribución al aumento de la productividad, especialmente visible en los años noventa. . El siglo pasado en la economía estadounidense Ahora la productividad en la mayoría de las economías avanzadas no está creciendo significativamente, mientras que la crisis ha revelado desde el principio una disminución en la generación de valor agregado del sector TIC en su conjunto de la crisis económica global, como se puede ver en el primero de los gráficos. Esta es una de las conclusiones más importantes del último informe “Perspectivas de la economía digital de la OCDE 2017”, De los que también extraeré otros relevantes desde un punto de vista estrictamente económico.

Dentro del sector de las TIC se ha registrado el valor agregado de los servicios de telecomunicaciones y en la producción de computadores y electrónicos donde ha habido descensos, mientras que ha aumentado en los servicios de tecnologías de la información (TI) y se ha mantenido constante en la publicación. de software. Son tendencias que van en la misma dirección en materia de empleo y deberían continuar en los próximos años. El indicador más relevante que respalda estas expectativas es la participación de las inversiones de capital riesgo en TIC, que ha vuelto a su nivel de 2000.

La citada verificación no excluye resaltar la continuidad del sector TIC como un claro motor de innovación, absorbiendo la mayoría de las inversiones privadas en I + D en el conjunto de la OCDE y un tercio del total de patentes en el mundo. Las inversiones de las empresas de telecomunicaciones también han aumentado en proporción a sus ingresos, en gran parte gracias al uso de fibras ópticas en sus redes. El uso de teléfonos móviles para datos sigue creciendo exponencialmente en algunos países. El crecimiento del uso de las TIC entre las personas es desigual entre países y grupos sociales, especialmente en el campo de servicios bancarios y de compras en línea más sofisticados. Lo mismo ocurre entre las pequeñas y medianas empresas, más reacias a utilizar también computación en la nube y análisis de big dataa pesar del intenso crecimiento. Mucho más selectivo es el uso de la robotización en los procesos de digitalización de las empresas, todavía concentrado en unos pocos países.

El creciente uso de la IA merece una discusión aparte. Cada día hay más evidencia de su potencial asociado a la dotación de la capacidad de las máquinas para realizar funciones cognitivas, ampliando las posibilidades de aprenderlas. Todo esto es prometedor, aumentos de la eficiencia y la productividad, ya que plantea nuevas cuestiones éticas y directamente políticas, no solo en relación con el futuro del trabajo, sino también con la transparencia, la rendición de cuentas y, por supuesto, la seguridad. La extensión de blockchain, las monedas virtuales y las criptomonedas no menos preocupan, obviamente a los bancos centrales, entre otros, revelando importantes ventajas en términos de reducción de costos de transacción.

Lo anterior es compatible con el hecho de que la innovación asociada a los datos, la aparición de nuevos modelos de negocio en las empresas y el crecimiento de las aplicaciones digitales continúan influyendo en diversos campos, desde la ciencia a las ciudades, pasando por la agricultura y, sin duda, , en los gobiernos.

Las manifestaciones de la transformación son muy explícitas en los mercados laborales, en la destrucción de puestos de trabajo y la aparición de nuevos, así como en la reconfiguración del comercio internacional, especialmente en los servicios. Todo esto seguirá definiendo la agenda regulatoria y adaptativa de los gobiernos en diversas áreas. Esta imperativa adaptación normativa e institucional también se ve acelerada por otra tendencia no menos relevante, como es la convergencia en las cadenas de telecomunicaciones y medios audiovisuales, que ha dado lugar a fusiones y adquisiciones hasta ahora inconcebibles.

Más allá de las dudas razonables sobre la continuidad de ese aporte inicial al aumento de la productividad de las economías, o las provocadas, entre otras, por las nuevas formas de trabajo, es necesario hipotetizar un hecho: la necesidad de ampliar las competencias digitales. No solo para permitir la adaptación a las exigencias de un mercado laboral en constante evolución, sino en general. En muchos trabajos, las habilidades más superficiales o genéricas ya no son suficientes. Esto es cierto para nuestro país donde, como se puede apreciar en el segundo de los gráficos, el valor agregado del sector TIC no se encuentra entre los más altos del grupo de economías avanzadas, ni siquiera en el empleo.

Gráfico1

Gráfico2

Gráfico 3

Emilio Ontiveros: “La economía en línea. Nueva economía y nuevas finanzas

“Editorial Toro, 2001 Próximo artículo de la revista Empresa global de

Ediciones Afi Global Enterprise



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