Más vale prevenir las demencias, porque no se pueden curar

Lun revista La lanceta, publicó en 2017 un informe titulado Prevención, intervención y tratamiento de la demencia (Prevención, intervención y tratamiento de la demencia). Identificó los siguientes nueve factores de riesgo de demencia: mala educación, pérdida de audición, tabaquismo, obesidad, depresión, inactividad física, diabetes y malas relaciones sociales.

 

Se agregaron tres factores de riesgo adicionales al informe del mismo título, publicado este año: consumo excesivo de alcohol, lesión cerebral traumática y contaminación del aire. En conjunto, los doce factores de riesgo representan aproximadamente el 40% de las demencias diagnosticadas en el mundo, demencias que, en teoría, podrían prevenirse o retrasarse. Según los autores, existe un gran potencial de prevención, especialmente en los países de ingresos medios y bajos, donde hay más demencias.

 

El informe introduce una dimensión temporal muy interesante para tener en cuenta la forma secuencial en que actúan los factores de riesgo a lo largo de la vida. Y es un aspecto importante porque, dependiendo de la posición de cada factor en esa secuencia, se deben tomar posibles medidas preventivas en diferentes etapas de la vida.

 

Frente al déficit educativo, factor al que se atribuye el 7% de las demencias, es necesario intervenir en los primeros años, porque afecta la reserva cognitiva de las personas, que es, por así decirlo, la inversión en habilidades cognitivas y conocimientos que pueden utilizar. Cuanto mayor sea la reserva, más tiempo se puede mantener a una persona a salvo de los efectos de la demencia.

 

En edades intermedias cobran importancia los factores de riesgo que están en la génesis de patologías neuronales que posteriormente pueden conducir a la demencia. Por esta razón, se debe recomendar el uso de audífonos para que quienes los necesiten puedan mantener niveles de audición aceptables; A los problemas de audición se les atribuye un riesgo del 8%. También es necesario tomar medidas para minimizar la lesión cerebral (3% de riesgo), ayudar a mantener la presión arterial por debajo de los valores recomendados (2%), reducir el consumo de alcohol (1%) y prevenir o combatir la obesidad (1%).

 

Otros factores, aunque de origen anterior, tienen un mayor impacto en etapas posteriores de la vida. El tabaquismo (5% del riesgo) no se adquiere en la vejez, pero es entonces cuando más daño causa, por lo que también es cuando se debe evitar su incidencia; A estos efectos, nunca es demasiado tarde para dejar de fumar. El 2% de las demencias se asocian a la inactividad física, factor que también suele originarse en las primeras etapas de la vida, aunque aumenta con la edad. Por tanto, es recomendable promover el ejercicio porque tiene efectos protectores, quizás porque previene la obesidad, la diabetes (1% de riesgo) y la hipertensión. La contaminación atmosférica (2%) también ejerce sus efectos negativos durante las primeras etapas, pero es en los últimos años cuando es más probable que provoquen demencia.

 

La depresión, vinculada al 4% de las demencias, es un factor problemático, porque la dirección de la relación causal no está clara; En cualquier caso, dado que sus posibles consecuencias negativas se producen durante la vejez, debe tratarse, aunque proceda de una etapa anterior. El aislamiento social es también un factor característico de la vejez y se le atribuye otro 4% del riesgo.

 

Digamos que es mejor prevenir que curar porque no hay mejor remedio que la prevención. Pero dado que ni siquiera se pueden curar, no hay alternativa a la prevención de la demencia.

 

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