Parlamentarismo real El diario Montañes


a través del activismo en redes sociales, apariciones de equipos de comunicación partidista y ruedas de prensa sin preguntas que surgen cada vez con mayor frecuencia. Abascal no logró derrocar a Sánchez de la Moncloa, pero introdujo en la sede de la soberanía nacional una dinámica política y adrenalina necesaria para que los dirigentes restauren el parlamentarismo más genuino que ellos de la especie de simplificación y que La propaganda de los tweets es diferente. Y sorprendentemente, la mayoría de los diputados utilizaron un lenguaje claro, directo y comprensible.

Lejos de este lenguaje (lengua de madera) con el que los políticos de la marca francesa hablan un lenguaje vago, impreciso, pomposo o engañoso. El que tantas veces se utiliza en las cámaras para desviar la atención del público de los temas realmente importantes, para maquillar la realidad o para eludir sus responsabilidades. El presidente Sánchez olvidó su predilección por las ráfagas de propaganda para marcar un tono reservado que podría recordar el viejo estilo socialdemócrata de sus predecesores. Incluso hizo un acto de arrepentimiento y se abstuvo de reformar unilateralmente el órgano de gobierno de los jueces.

Sobrado, pero sin abusar de su superioridad aritmética, guardó adecuadamente el lenguaje de la concentración para una mejor ocasión. Inés Arrimadas ha sabido convertir la necesidad en virtud y fue creíble en su llamamiento para romper la burbuja de tensión. Le dio un discurso sumamente respetuoso al candidato de Vox, sin sacrificar una crítica afilada como un bisturí y argumentos cargados de sentido común. Aunque fue el duelo Casado-Abascal el que ofreció los mejores momentos del parlamentarismo, a veces escrito, a veces improvisado, pero abierto y franco, que destilaba dos planteamientos antagónicos de la derecha española. La propuesta fue el conjunto improvisado que representa la catarsis del derecho español fragmentado y cainita.

Surgieron argumentos políticos subyacentes, pero también elementos emocionales que dieron autenticidad al cruce de sables entre viejos compañeros de partido. Pablo Casado aprovechó para acortar brillantemente la trampa que le habían preparado Abascal, Sánchez e Iglesias. Fue puesto en el centro de atención en los medios y en el parlamento y logró cambiar el guión, lo que lo puso a la defensiva en una especie de discurso de principio para restaurar la identidad del PP, que está entre los extremos y la polarización nacional. borroso. Le había asegurado que era inútil, pero estaba equivocado.

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