Tradiciones y vida

Por A. O |  @LLOMISMITO

“Cuenta la leyenda que en un remoto lugar existían unos Magos que cada 6 de enero seguían a las estrellas y, visitando a cada una de ellas,  conseguían regalos para las niñas y niños del mundo que se portaran bien”.

Leído así, la leyenda es bonita y no crea ni adictos ni adeptos y, además, se puede contar después lo que trajo consigo no tan bueno para la mayoría de la humanidad.

Así comenzaron otras tradiciones no tan banales  como el hecho de que hubiera personas que,  por el simple hecho de nacer, ya gobernarían al resto de sus iguales y serían considerados seres superiores. Los llamaron reyes y otros nombres y nadie los elegía democráticamente.

También hubo grupos de personas que convirtieron la leyenda en una religión que llegó a proponer y decidir que otros seres humanos murieran por el simple hecho de no creer ciegamente en aquella leyenda. Y tampoco eran elegidos.

Hay muchas fórmulas para contar cuentos y que lo sean sin tener que recurrir a divinidades ni hechos sobrenaturales ahora que el conocimiento de nuestro entorno, llamado ciencia, nos regala la posibilidad de aprender constantemente y saciar nuestras capacidades mentales, psicológicas o “comoqueramosllamarlo” para desarrollar lo que nos distingue de un mosquito, un elefante, una rosa o un plátano, la conciencia y la razón.

Hay más leyendas casi iguales que surgieron por todas las sociedades cuando no supieron explicar lo que sucedía en su entorno. Historias que unas cuantas “familias” aprovecharon para crear religiones y tradiciones que coartaron el desarrollo de nuestras capacidades lógicas.

Más allá de hacer de grandes leyendas y tradiciones algo bonito y que también fomente nuestra imaginación solo sirvieron para controlarnos los unos a los otros, creando guerras constantes y normas religiosas cada vez más complejas.

No es mi intención desarrollar una tesis doctoral sobre la evolución de las distintas sociedades que los grupos de personas nos hemos ido dando, pero sí una breve explicación de porqué vamos retrocediendo en ellas y que, a base de mentiras y falsas creencias, todavía perdura.

Un par de párrafos más para actualizarlo  y concluyo algo que podría ser demasiado largo y engorroso de explicar.

A “vuelapluma” y sin más historias, hemos convertido la política o las políticas en las nuevas religiones. Nos intentan convencer de que ser liberal, conservador, comunista, de derechas, de izquierdas, de centro, de un pueblo o de otro y de “yanosesabecuantascosasmás” es algo innato a las personas cuando la realidad, mirada desde afuera, solo nos dice que, en la actualidad, no son otra cosa que instrumentos de la diosa que impera y manda en la actualidad, la economía. Y tampoco ha sido elegida democráticamente.

El poder  económico manda sobre nuestros pensamientos, creencias e imaginación (que genera la belleza del arte). Ese poder que nos anima a consumir y llegar a interiorizarlo, ese poder que nos dice que prototipos físicos debemos seguir y conseguir, ese poder que nos aliena y nos cosifica, ese poder que aparta a personas por considerarlas no productivas y que se aplaude por tirarle migajas, ese poder que está destrozando el único planeta en el que podemos vivir, ese poder que hemos convertido en algo más divino que humano. Ese poder.

Sin alargarme y para concluir, para los que hayan leído hasta aquí, decir que los seres humanos nacemos libres no es una quimera, es una realidad.

Nuestro leve paso personal por esto que llamamos vida debería ser “superinteresante”, por usar una expresión entendible y muy usada. Todos deberíamos ser científicos y artistas, porque todos podemos llegar a entender e interpretar personalmente nuestro entorno.

El arte y la ciencia son lo más humano que existe y son la realidad que nos ayuda a comer, sentir, relacionarnos y poder llamar vida a lo que tenemos y, sin denigrar el resto de la vida de este planeta, no ser un mosquito, un elefante, una rosa ni un plátano.

Es verdad que parece demasiado ideal. Pero sin ideales la vida no deja de ser una mentira más.


A.O

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