Trastornos de la conducta alimentaria, estereotipos, redes sociales, recortes en sanidad, todo vinculado

Por Jenner López |  @jennermostoles

Trastornos de la Conducta Alimentaria (TCA):

  • Trastornos mentales caracterizados por un comportamiento patológico frente a la ingesta alimentaria y una obsesión por el control de peso.

Anorexia mental, o anorexia nerviosa:

  • f. Med. Síndrome de rechazo de la alimentación por un estado mental de miedo a engordar, que puede tener graves consecuencias patológicas.

Bulimia:

  • f. Med. Síndrome de deseo compulsivo de comer, con provocación de vómitos y consecuencias patológicas.

Puede parecer extraño vincular enfermedades a redes sociales, hacerlo a los recortes sanitarios puede incluso sonar a “progre”, pero después de analizar varios estudios, declaraciones médicas, y las estruendosas cifras, llego a la conclusión que, de algún modo, todo está vinculado.

Saltan mis alarmas cuando sin conocer personalmente a alguien, ella misma se abre en canal a compartir su vivencia con la anorexia, Carmen, madre de una joven de 21 años, rompía a llorar contando como después de unos meses de “normalidad” volvía su hija a caer en la depresión, en el hábito adquirido de no comer, en la profunda desolación de no saber como solucionar algo que la está llevando a consumirse poco a poco.

Buscando más información en internet encuentro el caso de Sandra, mide un metro setenta, tiene diecisiete años y hasta hace unos meses pesaba 52 kilos. Quiso adelgazar un poco. No mucho. Lo justo para el verano, un kilo, no más de dos. Adelgazó doce y cuando pesaba cuarenta sus padres la ingresaron en el hospital del Niño Jesús de Madrid. Sabía que estaba enferma. Antes de llegar al hospital leyó libros que hablaban de anorexia y se reconoció. Le daba igual. No quería curarse. En realidad, curarse o no le daba igual. No quería comer. El primer día en el hospital bebió un zumo y lloró por haberlo bebido. Entonces se dio cuenta de lo difícil que le iba a resultar librarse de la anorexia.

Las estadísticas arrojan datos escalofriantes, Cruz Roja estima que una de cada cien adolescentes padece anorexia nerviosa y cuatro de cada cien sufren de bulimia nerviosa.

¿Cuántas modelos profesionales sufren sobrepeso?

El primer vinculo que podemos hacer entre los Trastornos TCA y los estereotipos puede observarse en un estudio realizado por Toro y Cols en 1985. Tras seleccionar 10 revistas especialmente leídas por mujeres, se constata que uno de cada cuatro anuncios que llegan a un público predominantemente femenino invitan directa o indirectamente a “perder peso”, mostrando cuerpos ideales y esculturales, que no dejan por cierto de ser bellos. Estos mensajes suelen ir encaminados a un público joven de edades comprendidas entre los 15 y los 24 años, una edad proclive y en riesgo para iniciar un trastorno de alimentación.

 

De ahí podemos extraer el segundo vinculo, las redes sociales. El big data, la herramienta perfecta para transmitir información en cuestión de segundos, es de algún modo un método transmisor de toda esta información, a nuestros dispositivos móviles llegan miles de mensajes subliminales cuando las plataformas detectan tu vinculación a ciertos aspectos de tu vida, enviándote continuamente “publicidad” referente a aquellos portales cibernéticos que visitas con asiduidad.

¿Cuántos escaparates han visto provistos de maniquíes con sobrepeso?

Les hago participes del prólogo de un artículo publicado en el “Sistema de Información Científica Redalyc, Red de Revistas Científicas”, en su introducción nos dice:

  • Actualmente los adolescentes manifiestan su afinidad hacia una determinada estética corporal impuesta por la sociedad contemporánea; esto hace que los más jóvenes presenten una preocupación excesiva por su cuerpo y lleven a cabo conductas de riesgo para el desarrollo de trastornos de la conducta alimentaria. En esta investigación se entrevista a 482 estudiantes universitarios/as a los que se les aplica el Eating Disorders Inventory (EDI) y un cuestionario sobre comportamientos alimentarios e imagen corporal. Los resultados muestran la mayor preocupación de las mujeres por el peso y la imagen corporal, siendo ellas además las que en mayor medida recurren a las dietas para alcanzar el peso ideal. Siendo el colectivo de chicas las que presentan en mayor medida tanto variables cognoscitivas como comportamentales de riesgo para el desarrollo de trastornos de la conducta alimentaria, lo que justifica la necesidad de implementar programas de prevención al colectivo de estudiantes universitarias. Se trata de un estudio descriptivo mediante encuestas con diseño transversal.

El bombardeo masivo de la industria dietética es uno de los desencadenantes, si ustedes no han percibido ese detalle, pueden hacer la prueba después de leerme, existen muchos mas anuncios de pastillas adelgazantes que anuncios que prevengan de algún modo dicha enfermedad, como diría un amigo mío, es el mercado.

“Influencers” o famosos son contratados por distintas empresas que se dedican a la venta de productos dietéticos, ya sean las famosas y milagrosas pastillas o los parches adelgazantes, entre otros. Especialistas en la materia desmienten continuamente la efectividad de estos productos, aconsejando que para mantener una “bonita silueta” lo que tienes que hacer es llevar una dieta recomendada por profesionales y la práctica de distintos deportes, es decir, llevar una vida saludable. Flaco favor hacen estos estos “influencers”, pensando únicamente en como lucrarse a costa de atentar contra la salud de los adolescentes.

Y ahí es donde entra a jugar el tercer vinculo, los recortes sanitarios.

La sanidad no puede depender de mercados financieros que utilicen la integridad física de las personas como negocio, si una administración publica no sabe gestionar la sanidad, queda claro que dicha administración, o no dispone de personal cualificado para estar al mando de ella, o, por otro lado, podríamos entender que tiene intereses personales, o digámoslo más claro todavía, intereses económicos. Encargar la gestión de la sanidad pública a empresas privadas, por una parte, supone un sobrecosto, no conozco ninguna empresa privada que trabaje gratis, de ahí que por el camino se pierda una importante cantidad de recursos económicos que bien podrían estar destinados al tratamiento de esta enfermedad de la que hoy redacto.

Me he permitido el lujo de hablar telefónicamente con una psicóloga especializada en el tema, Mariam Fernández forma parte del equipo de la Asociación Adamer, Asociación en Defensa de la Atención a la Anorexia Nerviosa y Bulimia. Y digo lujo, porque tras presentarme como un ciudadano más, e insistiendo en que no soy ni mucho menos periodista, el trato ha sido exquisito y su intención de colaborar conmigo puedo expresarla como “nivel premium”. Mis sospechas acerca de la falta de personal y de recursos son confirmados desde el primer momento, añadiendo que son muchos los filtros que tiene que pasar una persona afectada por TCA antes de ser tratada por especialistas en esa rama en concreto, ni que decir tiene que entiendo que todos esos filtros son personas que tratan el tema desde las más absoluta profesionalidad, pero seamos justos, nunca desde la mas absoluta certeza de saber que con la persona que tratan sufre unos trastornos específicos, y no un simple desorden psicológico o un principio de depresión acondicionado a cualquier agente externo no vinculado de algún modo a la propia enfermedad a la que me estoy refiriendo, resumiendo, puedes ser el mejor medico de familia, pero obviamente no tienes porque saber tratar a una persona con TCA.

Sumándole a la dificultad que existe en descubrir las malas conductas o síntomas de un perfil concreto, tenemos una serie de portales que bombardean las redes sociales, publicando continuamente una serie de “protocolos” y “guías” para perder el apetito, o para aprender a esconder los malos hábitos a familia y amigos. Estos textos no están redactados de ningún modo por profesionales, son ellos mismos los que aconsejan acerca de sus propias costumbres, costumbres muy alejadas de lo aconsejado desde el profesional sanitario, creando así un vínculo cercano y de confianza con mas personas que se encuentran en su mismo estado. Como es de entender se sienten cómodas en estos grupos, si alguien te entiende, te apoya y defiende tus ideas, te sientes mejor que hablando con tu madre, que, con todo el cariño del mundo, ese cariño que no detectas, de algún modo te hace sentir incomoda/o, no te dice lo que quieres oír.

Aquí es donde entra a jugar La Asociación Contra la Anorexia y la Bulimia, en adelante ACAB, esta asociación con sede en Barcelona nace en el año 1992 y en su web se presentan como “un grupo de familiares de personas afectadas por la enfermedad que nos asociamos para resolver nuestra propia problemática relacionada con los trastornos de la conducta alimentaria, y para ayudar a otros con nuestra experiencia y actividad voluntaria y para luchar contra el desconocimiento de la enfermedad”.

Descubro esta Asociación buceando por internet, pero es Mariam, la psicóloga de Adamer quien me anima a ponerme en contacto con ellos, la razón de hacerlo es conocer uno de los servicios que ofrecen, denunciar estos portales web donde se aloja material que hace apología de la anemia y la bulimia, utilizando tecnicismos correctamente nos referiremos a ellas como “páginas pro-ana y pro-mia”.

Laura, psicóloga de ACAB, tras concertar una cita telefónica con ellos, me pone al corriente del funcionamiento, por cierto, una profesional y encantadora persona que no dudó un solo segundo en poner a mi disposición toda clase de información. En nuestro país, las competencias sanitarias dependen de cada Comunidad Autónoma, de ahí que las denuncias de páginas pro-ana y pro-mia se deriven a ACAB. Me explico, el Parlament de Cataluña en marzo del pasado 2019 aprobaba por Decreto Ley y de manera unánime que se actuara contra estos portales a través de la modificación del Código de Consumo de Cataluña. Mediante esta modificación se permite “vigilar, investigar y, en su caso, sancionar a las empresas, plataformas y servicios digitales que, a pesar de tener conocimiento de la existencia de este tipo de contenido en sus plataformas, no lleven a cabo acciones para eliminarlos. De este modo, se amplía la responsabilidad a los intermediarios de las redes sociales, que pasan a ser también responsable de la difusión de estos contenidos. El incumplimiento de estas obligaciones supondrá una infracción grave del Código de consumo, que se podrá sancionar con multas de hasta 100.000 euros”, tal y como explica ACAB en su web. Una vez más el vacío legal del big data permite material circulando por sus redes si no existe denuncia, algo que bajo mi criterio no debería de ser, ya sea Google, YouTube, Instagram, Facebook, o cualquier otro portal web tendrían que disponer de medios necesarios para que no se permitiera “colgar” material que atenta contra la salud de las personas. La red ha crecido más rápido que las normas, un error, pero gracias a ACAB se van eliminando algunas de estas páginas pro-ana y pro-mia. Desde mi humilde posición de ciudadano no puedo hacer menos que pedir a las distintas comunidades autónomas que se pongan en contacto con el Parlament de Cataluña y que ese Decreto Ley llegue a toda España cuanto antes, estoy seguro de que contra más gente luche contra esta lacra, menos personas la sufrirán.

Ya sea por guardar imagen o por miedo a sanciones económicas, estos contenidos suelen retirarse, quien se niega a ello recibirá de su propia medicina, es un asunto demasiado serio como tomárselo a broma, la primera sanción fue impuesta a una empresa que se negó a retirar el contenido, supongo que después de los 85.000 euros a los que fueron condenados se lo pensarán más detenidamente antes de volver a atentar contra la salud.

La inspección de consumo constató que el blog contenía elementos y mensajes que:

  • Promueven prácticas contrarías a la salud, como conductas purgativas o determinadas dietas y/o hábitos alimentarios.
  • Asocian la anorexia con conceptos positivos como la perfección, la obtención de hitos, etc.
  • Animan a alcanzar el objetivo de la pérdida de peso, incluyendo mensajes negativos y peyorativos con respecto al acto de comida o con respecto a la realidad de perder peso de manera saludable, de acuerdo con los estándares utilizados por la Organización mundial de la Salud.
  • Facilitan la identificación y el sentimiento de pertenecer a un grupo en el cual las prácticas pro-anorexia y pro-bulimia son habituales. Se identifica el trastorno como una forma de vida.
  • Ofrecen apoyo para conseguir que las personas con trastornos alimentarios persistan en estas prácticas.

¿Cuántas Carmen o Sandra tenemos a día de hoy afectadas por Trastornos de la Conducta Alimentaria y cuantas son tratadas correctamente?

Es difícil saberlo, por desgracia he tenido que basarme en estadísticas, y para entenderlo mejor lo mostraré con números, es triste que se tenga que recurrir a cifras cuando se habla de personas con problemas, pero creo que es de la mejor manera que podemos entender las deficiencias de nuestro sistema sanitario en una rama concreta.

En la Comunidad de Madrid se cuenta con 5 unidades de tratamiento ambulatorio, 4 unidades de día y 6 subunidades de hospitalización breve de trastornos de la conducta alimentaria.               Si en dicha comunidad hay censados actualmente 6.685.471 habitantes, el 52% de ese censo son mujeres, es decir 3.480.212, teniendo en cuenta que la adolescencia sitúa el rango de edad entre los 11 y los 18 años, de ahí sacamos la cifra de 663.209 adolescentes, y basándonos en la estadística extraemos que son 344.868 las adolescentes femeninas.

Volviendo a los datos ofrecidos por Cruz Roja, 1 de cada 100 mujeres sufre anorexia y 4 de cada 100 sufre bulimia, ahora viene donde hago la pregunta clave que espero que haga remover su conciencia, ¿son suficientes los recursos de la Comunidad de Madrid para hacer frente a la asistencia de 17.243 posibles pacientes con TCA? Aquí es donde no puedo dejar de hacer hincapié en la necesidad de una Sanidad 100% publica, en donde no sea necesaria la gestión privada, volviendo a mi personal punto de vista de que, si el personal a cargo de la gestión de la sanidad no sabe gestionarlo por completo el solo y necesita ayuda externa, queda totalmente claro que ese personal no está cualificado para ese puesto.

A estas alturas del texto imagino que queda lo suficientemente claro que soy un defensor de la sanidad pública 100%, con la salud de las personas no se debe mercadear, y siendo repetitivo no quisiera finalizar mi opinión sin agradecer a Mariam y a Laura su atención respecto de un tema que pienso tendría que ser tratado con mas continuidad y visibilidad.

Jenner López

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